
“Antes, los jefes de información éramos personas que teníamos cierta trayectoria en el periodismo, gente que íbamos ascendiendo y llegábamos a ser jefes de los reporteros. Pero, debido a la situación de violencia que vivimos en Tamaulipas, y el constante hostigamiento a periodistas por parte del crimen organizado, de unos años a la fecha, estos señores se instauraron como los nuevos jefes de información: ellos deciden qué se publica, qué no se pública y cómo se pública”, manifestó la ciberactivista pro-derechos humanos y reportera tamaulipeca Martha Olivia López Medellín en el foro “Violencias, Estado, Interculturalidad y Derechos Humanos”, realizado el mes de noviembre en la Preparatoria Popular Francisco Villa 128, en Ecatepec, Estado de México, en el que también estuvieron presentes Leticia Tecla, víctima de tortura y promotora de derechos humanos; Olga Reyes Salazar, defensora de Derechos Humanos; Hassan Dalban, profesor e investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, y Rosa María Díaz Martínez, alumna migrante indígena.
Puede haber un coche bomba en Ciudad Victoria, a dos cuadras del periódico -abundó López Medellín-, y sin embargo, si a “ellos” (el crimen organizado) no les conviene, en ningún periódico se va a publicar, porque la orden es esa; y si se infringe esa ley, esa autoridad de facto, van por los reporteros, por los editores.
A decir de Martha Olivia, y de acuerdo con cifras de la Procuraduría General de la República relacionadas con denuncias sobre secuestro, Tamaulipas ocupa el primer lugar con 153 denuncias formales; Durango con 82; el Distrito Federal con 77; Chihuahua 75, y Coahuila con 58 averiguaciones -datos de diciembre de 2006 al 31 de agosto de 2010. Sin embargo, acotó, “las cifras son humor negro, si consideramos que sólo en San Fernando, Tamaulipas, una ciudad de apenas 100 mil habitantes, han encontrado fosas clandestinas con 72 cadáveres, la mayor parte de migrantes del centro, y la segunda con más de 150 cuerpos. Y, los periodistas, los medios de comunicación de Tamaulipas, no pudimos siquiera escribir nada.
Los Tamaulipecos tienen una característica -no me cuento, por supuesto, dijo- es la del silencio. Cuando te toca la desgracia de un secuestro, la “línea” es -incluso entre la familia- “no hables, no digas, no comentes. Aquí no pasa nada”. Todos sabemos lo que pasa, pero nadie nos escucha. No hay alcalde, gobernador ni presidente que viva lo que los ciudadanos de pie; los dos primeros se trasladan en camionetas blindadas y con decenas de guardaespaldas, y el llamado presidente le gusta jugar a las guerritas, hace discursos brabucones desde su cómoda y segura residencia oficial de Los Pinos.
Dentro de tanto pesimismo e historia de horror, continuó, quiero decirles que el camino de la paz es inagotable, y una de esos caminos es el que integramos los ciberactivistas del contingente MX y el contingente Tam, quienes hemos aprovechado las ventajas de las redes sociales para promover la cultura de la no violencia y a favor de los derechos humanos. Sin necesidad de afiliarnos a algún partido político, ideología o grupo promovemos valores como la solidaridad, pero sobre todo la congruencia; porque, no solamente defendemos estos ideales, sino que realizamos actos presenciales a favor de movimientos como el de los padres de la guardería ABC, de Hermosillo, Sonora, donde, después de dos años de intenso activismo, se logró que Felipe Calderón firmara la Ley que protege a los niños que están en instancias infantiles. También promovemos la defensa de los activistas pro derechos humanos, salimos a apoyar a los twitteros que han sido encarcelados, cuando les ha querido cuartar su libertad de expresión.
En el caso concreto de Tamaulipas, apuntó, nos constituimos como contingente en abril de este año, y hemos realizado diversas actividades, como la Marcha Nacional por la Paz el 8 de de mayo, donde participamos más de 650 personas; hemos promovido la recuperación de espacios públicos. Hace tres meses nos unimos a dos ONGs y solicitamos al ayuntamiento de Ciudad Victoria que cerrara la avenida principal a los autos y la abriera a los peatones. Esto se hace cada domingo y es como un remanso a la violencia; la gente no deja de asistir.
Por otro lado, agregó, cada 15 días en la Avenida Libre 17 realizamos una actividad denominada “Pintando por la Paz”, donde pedimos a los niños que dibujen o pinten -con crayolas, con hojas recicladas, con lo que se pueda- algo respecto a la violencia; y a los padres y familiares que escriban una frase. Hasta ahora llevamos más de 500 dibujos y frases con las que pensamos realizar una exposición.
Al final, concluyó, mi presencia aquí es para decirles que, pesé a lo adverso que suenen mis palabras, hay que seguir caminando. ¿De qué forma? Informándose, sensibilizándose acerca de lo que sucede y actuar en consecuencia. A veces pareciera que la realidad que escuchamos es realidad de otro país o de otro continente. Pero no, está muy cerca: está en Michoacán, está en Zacatecas, está en Guerrero, está en Oaxaca, está en Tamaulipas. Pero hay que seguir caminando. Como dice el uruguayo Eduardo Galeano: “Aunque no podemos adivinar el mundo del futuro, bien podemos imaginar el que queremos que sea. Tenemos el derecho de soñar, a pesar de que ese derecho no figura entre los treinta derechos proclamados por la ONU, allá a finales de la década de los cuarenta; porque si no fuera por el derecho de soñar y las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed”.
Por su parte Leticia Tecla, quien ha impartido clases a nivel medio superior por más de 30 años, fue Coordinadora editorial del periódico Eureka, y es estudiante de la Maestría en Derechos Humanos en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México señaló:
“Yo soy de una familia que tiene cuatro desaparecidos políticos. He sido torturada y he sido secuestrada -una ocasión en 1979, y otra cuando estaba en el periódico Eureka, con Rosario Ibarra. Nací en el movimiento del 68, en una represión brutal en la Plaza de Tlatelolco, y donde el Estado respondió como únicamente sabe hacerlo, con violencia. Por ello, considero que el desplazamiento, la desaparición política, la tortura, el secuestro, representan formas distintas de violencia. Pero también lo es el discurso del Estado. Un discurso que nos dice y nos internaliza el miedo, el terror, nos enseña el silencio que es igual que la muerte”.
Yo soy estudiante de Derechos Humanos, dijo, porque creo que una forma de socavar la violencia es defendernos a partir de proyectos comunitarios educativos como éste; pero también creo en el conocimiento y la palabra. En ese sentido, quiero decirles que los maestros, al igual que los periodistas, acostumbramos hacer de nuestra palabra una trinchera; somos gente que rompemos el silencio por medio de la palabra.
Hoy en día, explicó, tenemos una serie de biólogos, de fisiólogos que hasta se han ganado el premio nobel con la argumentación de que los seres humanos tenemos en nuestro cerebro glándulas que por naturaleza nos hacen violentos. Y eso son falsedades. Aun así, y con base en esos argumentos, nuestros gobernantes dicen que la violencia es intrínseca al ser humano y, por ello, los mexicanos, sólo podemos responder con la guerra, ante un acto que viole la norma, Y así tenemos una guerra inventada, una guerra construida desde el Estado, manipulada por los medios masivos de comunicación, y con enemigos inventados. Ellos inventaron un enemigo: el terrorismo. Pero nosotros tenemos una respuesta: nosotros no somos terroristas, tampoco somos delincuentes, y la lucha contra el narcotráfico es inventada, porque es una lucha contra la sociedad.
Sin embargo, continuó, una de las formas que tenemos para enfrentar esa guerra es el conocimiento, porque el conocimiento es poder. El conocimiento es una forma de enfrentar al mundo y derrotarlo. Y derrotarlo no sólo por medio de la palabra oral, sino también de la palabra escrita. La palabra escrita es memoria. La palabra escrita rompe el silencio.
Así pues, finalizó: “Hoy por hoy los luchadores sociales, los maestros, los estudiantes, los jóvenes y la humanidad toda nos debemos de definir -en estos históricos días- como cuna revolucionarios cotidianos; soñadores de hazañas dirigibles; subvertivos de insomnios, años luz; buscadores inagotables de galaxias; sublevados, de veces eternos ancestrales; sembradores de universos infinitos; aventureros de espacios intangibles; de nómadas con pasos de futuro; de cuestionadores del aquí y del ahora; de amantes de inquietudes y zozobros; de dementes que espían el futuro, y de todos aquellos que esperan el amanecer con los ojos abiertos y en vigilia; de necios que saben que la voz y la felicidad es un ideal posible, y viven en la geometría exponencial del universo tomados de la mano de la razón y el caos del infinito. Esa forma de ver las cosas se convierte hoy, jóvenes, en imprescindible”.
Yo vengo de Ciudad Juárez, expresó: “Toda la vida hemos vivido allá mi familia y yo. Mis hermanos fueron panaderos, y mi hermana Josefina Reyes fue activista de los derechos humanos. Ella fue de las primeras que levantó la voz cuando iniciaron los feminicidios en el Valle de Juárez. También ella y mis hermanos realizaron varias marchas cuando Estados Unidos quiso poner en la frontera un tiradero nuclear que iba a afectar gran parte de la frontera, en el Valle de Juárez; a base de sacrificios, marchas y plantones, mis hermanos y la gente se les unió, consiguieron que no se hiciera ese tiradero”.
Pero hace poco, continuó, cuando Felipe Calderón llegó al gobierno, también llegaron a Ciudad Juárez militares cometiendo muchos abusos en los pueblos: entraban a las casas a las dos o tres de las mañana, tiraban puertas y ventanas, y si algo les gustaba se lo llevaban. Entonces, mis hermanos comenzaron a poner denuncias en contra de estas personas. Es así como en noviembre de 2008 asesinan a mi sobrino, hijo de mi hermana Josefina. A media cuadra donde matan a mi sobrino había dos trocas de militares y ellos no miraron a nadie, y hasta la fecha no hay ningún detenido. En 2010 asesinan también a mi hermana Josefina, y meses después a mi hermano Rubén Reyes.
“Pero la cosa no para allí, en febrero de 2011 mi hermano Elías, mi hermana Magdalena y mi cuñada María Luisa, son interceptados por una camioneta con seis fulanos enmascarados y con armas largas, y se los llevan. Entonces, el resto de la familia comenzamos a organizarnos con los compañeros de Ciudad Juárez de diferentes organizaciones de Derechos Humanos y ponemos un plantón afuera de la Procuraduría Norte del Estado de Chihuahua. Ahí estuvimos 19 días pasando veinte grados bajo cero en una carpa, exigiendo la aparición con vida de mis hermanos y de mi cuñada. Y nunca se logró. Por eso vinimos al DF a poner un plantón en la Plaza Tolsa. Estuvimos una semana. El Gobernador de Chihuahua nunca nos atendió allá, ni siquiera González Nicolás que es el Subprocurador de Justicia de Juárez; pero un día antes de que mis hermanos aparecieran, el Gobernado César Duarte vino para el DF, y unas diputadas lo obligan a que nos diera la cara. Y mi mamá le exigió que le entregaran a sus hijos, que él sabía dónde estaban. Al día siguiente mis hermanos aparecieron muertos, a lado de la carretera. A partir de eso, nos han quemado cuatro casas, dos sobrinos han sufrido intento de asesinato; por eso, nosotros, ni en Ciudad Juárez ni el estado de Chihuahua estamos seguros. Y ahora aquí en el DF tampoco, porque las amenazas siguen”.
Hoy, abundó, gran parte de la familia se ha ido para Estados Unidos, ya somos muy poquitos los que quedamos aquí. Pero de todos modos seguimos luchando; y, al menos yo, quiero seguir luchando para que se haga justicia. En todo el país están pasando muchas barbaridades. Es mucha violencia la que se está implementando en contra de los seres humanos: asesinan, hacen desaparición forzada, descuartizan, queman vivos.
“Por eso les digo, qué bueno que ustedes están aquí y que están informándose; necesitan informarse y necesitan saber más. Y seguir estudiando, para que el día de mañana no formen parte de las filas del narcotráfico”, concluyó.
Por su parte, Hassan Dalban, Dr. en Ciencia Política de la Habana y profesor investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, señaló: “Todos estos problemas, estas violaciones de los derechos humanos a que hacen referencia las compañeras; todo este tipo de explotación, de enajenación, de racismo, de dominación imperialista, de saqueo, se origina en el sistema capitalista”.
Son las condiciones sociales y económicas, dijo, las que forman al ser humano; así, lo que produce el sistema neoliberal son ciudadanos violentos, en tanto que es un “sistema de explotación, un sistema de enajenación, un sistema antidemocrático y antihumano".
Finalmente, Rosa Díaz Martínez, alumna del tercer semestre de la preparatoria Francisco Villa 128, comentó que ella y su familia son indígenas, de una comunidad de Oaxaca donde se habla Mixe y no existe oferta educativa a nivel medio superior; por ello, explicó, tuvieron que migrar al Estado de México. En ese sentido, subrayó que, abandonar su lugar de origen por falta de recursos económicos o de una adecuada oferta educativa, es también un modo de violencia.
El foro “Violencias, Estado, Interculturalidad y Derechos Humanos” se realizó en el marco un proyecto educativo alternativo que busca fomentar entre los alumnos de la preparatoria Francisco Villa 128 el pensamiento crítico con base de la reflexión y discusión de los problemas de su contexto, para así identificar las estructuras de poder y el modo en que operan las formas control en la sociedad; esto es, identificar los medios de control, marginación y exclusión así como las formas sociales, políticas y culturales donde se origina la violencia y la violación de los Derechos Humanos.
VISIÓNES DE LA VIOLENCIA,
EXPOSICIÓN MONTADA POR LOS ALUMNOS DE LA PREPARATORIA 128






