jueves, 2 de octubre de 2014

Urgen a autoridades del EdoMex atender abandono social y feminicidios en Ecatepec


Jóvenes y activistas defensoras de los derechos humanos de las mujeres iniciaron el 25 de septiembre acciones de intervención performativa en lugares públicos de Ecatepec donde se han cometido feminicidios y violencia contra las mujeres , fenómeno que ha aumentado durante los últimos meses.

En el marco del llamado Tercer Informe de Resultados que presentó el miércoles el gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas, el performance presentado por las activistas consistió en una red de mariposas multicolores en una zona de Ecatepec caracterizada por su carácter violento, con lo cual pudo romperse por unos momentos el ambiente de silencio en el que se vive.

“Las mariposas representan la transformación, las ganas de cambio y la esperanza en un contexto hostil y violento, donde la precariedad, la injusticia y el abandono social son parte de la vida cotidiana”, señaló Teresa Martínez, una mujer joven que reside en el municipio, y agregó que los días 25 de cada mes realizarán acciones que contribuyan a frenar la violencia y romper el silencio de las mujeres, para que los gobiernos volteen a mirar esta grave problemática social.

“La cultura del silencio y oscuridad que impera en Ecatepec favorece el aumento de los feminicidios y la violencia, el cerrar los ojos permite no sólo la normalización de la violencia sino la funcionalización de la misma”, expresó Karla Paola Romero Jiménez, mujer libre y activista ciudadana, que ha también ha participado en otras manifestaciones con arte performancero en dicho municipio mexiquense y quien en otra etapa de su vida sufrió violencia y agresiones en las calles por ser mujer.  

“En medio de este caos, hay un movimiento haciendo historia, actos de denuncia, voces críticas que exigimos eso que este gobierno fallido no garantiza: la seguridad”, añadió.

Por su parte, Tania Trejo, integrante de la organización ciudadana PUTAS Movimiento de Lucha y Defensa por los Derechos Humanos, señaló que los feminicidios en esta zona se han fortalecido por el alto grado de marginalidad y abandono social, así como un machismo más violento, y que ella, como otras mujeres, vive con miedo.

“Cuando sé que matan a una mujer, me da miedo, me da temor salir y ya no regresar a mi casa, ya no ver a los que quiero, ya no cumplir mis sueños, ya no poder amar, ni poder ayudar, por eso creo que es importante denunciar, que se oiga la voz de las mujeres”, expresó.

“Por eso no me callo, porque quiero denunciar lo que le pasa a mis hermanas mujeres, no me voy a quedar a esperar a que le pase a las mujeres de mi familia, ni que a mí me sigan atacando, yo denuncio, alzo mi voz, yo quiero que se escuchen mis gritos de miedo y dolor de años convertido en coraje, coraje por mi vida, por la gente de mi colonia, yo sé que existen personas, sobre todo mujeres como yo, que quieren el cambio y no se atreven, y es por eso que yo estoy dando el ejemplo”.

Manuel Amador, activista por los derechos humanos, hizo un llamado a las autoridades para que a través de las instituciones del Estado se generen políticas públicas realistas y efectivas para resolver los rezagos de pobreza, abandono social y precariedad en que viven las personas donde más se comete violencia y feminicidios en el Estado de México.

“Es importante atender la urgencia de seguridad y combatir los distintos rostros de la violencia, pero sobre todo la violación de los derechos humanos que se comete contra las personas que viven en estos contextos, que se garantice el derecho a la cultura, la educación, la salud y la seguridad, en sí, una vida digna, ya que sólo se considera a estas personas como clientela política y no son valoradas por su condición humana y ciudadana, debido a su pobreza”, expresó.

“También es urgente destinar un presupuesto real que atienda el abandono social que la propia indiferencia del Estado ha generado, entre otras razones por la reducción del gasto público en asuntos de desarrollo social que fomenta y promueve el modelo económico neoliberal”, dijo el activista.

Fotografías: Manuel Amador












lunes, 15 de septiembre de 2014

Extraviados, más que independientes. Septiembre 15 y sus disfraces


Llega el 15 de septiembre, y nuevamente los mexicanos —dentro y fuera del país —, nos preparamos para celebrar tan importante fecha, el inicio de la lucha por la independencia. Al grito de ¡Viva México!, entre cohetes, trompetínes, “chelas” y la tradicional música mexicana, el espíritu chauvinista de la mayoría se exalta desde que inicia el denominado “Mes Patrio” y se extiende hasta que se extingue el día 16; por todos lados, el ánimo colectivo se enciende mientras la ciudad se atavía de los colores representativos —verde, blanco y rojo— para dar paso a la danza, la oda, la farsa colectiva que nos unifica como mexicanos una vez al año. Aunque algunos no comprenden del todo de qué se trata el festejo —olvidaron su cita con la historia—, en un instante, las diferencias se desdibujan y abren paso a la celebración, todos nos volvemos “Uno” con el mismo rostro: el del orgullo mexicano.

Y entonces sucede: nos sumamos, nos disfrazamos, nos en-ajeamos, nos volvemos otros en la histeria colectiva (¡en la histeria no en la historia!), nos “uniformamos” y festejamos a la Madre Patria con carnaval y matracas… Pero, a la par de todo ese ruido, el despertar coexiste, está a la orden del día y no es fácil evadirlo: al caminar por las calles saturadas de euforia, es inevitable observar… mirar a la gente, los coches, las paredes, los anuncios y hasta las redes sociales —finalmente vivimos tiempos modernos— cargados de ese espíritu nacionalista, que se desfasa con una realidad convulsionada que nos supera y nos lleva a caer en la cuenta, en lo absurdo del festejo. Y entonces surgen las interrogantes: ¿cuántos de nosotros en realidad sabemos lo que representa el grito de la Independencia en este presente de desigualdad y muerte que prevalece en México?, ¿no es acaso un contra sentido celebrar, cuando el país es entregado a manos extranjeras y es devorado por el crimen organizado?

Muerte. Hambre. Pobreza. Desigualdad. Corrupción. Inseguridad. Miedo, coexisten. Y la sensación de contrasentido se exacerba cuando volvemos sobre los titulares de revistas y periódicos que narran la crónica —la resaca— de las recientemente reformas impulsadas por EPN y aprobadas por el Congreso, y que ponen en jaque a muchos de nuestros “Méxicos”, así como los logros que con sangre se labraron en años de lucha ciudadana. Celebramos el México “Independiente”, el inicio de una lucha que nos volvió libres de España. Pero hemos olvidado que independencia y la libertad llevan de forma inherente un compromiso social y con la historia. No se trata sólo de festejar, sino de refrendar con acciones eso qué tanto alardeamos el 15 de septiembre. Pero no sucede. Y a más de dos siglos de distancia, el México colectivo sigue siendo “la víctima”, el lugar de ultraje, la mismísima Chingada; tierra donde la indiferencia y la pasividad conviven, mientras los otros, los que nos miran desde afuera, se llevan la mejor tajada.

¿Hay algo que celebrar? En un primer momento la respuesta es un No contundente. Y los motivos sobran… Pero la respuesta debería ser otra: vale la pena, porque al festejar se cultiva la fe y la esperanza, y en ese sentido, se celebra a todos los mexicanos y mexicanas que, pese a la indiferencia de algunos y la adversidad que representa el México del siglo XXI, todos los días se siguen vistiendo de chinelos, chinas poblanas, tehuanas, mariachis, danzantes, albañiles, oficinistas, periodistas cocineras, jardineros, meseros, costureras activistas, microempresarios, abogados, jornaleros, mineros, choferes, maestros… y salen a las calles, y no precisamente a gritar ¡Viva México!, sino a enfrentar con trabajo y entereza, el mundo que nos han heredado, salen a construir Patria. Son los nuevos héroes mexicanos.