
“En mi vida hay dos momentos decisivos de encuentro con la literatura: el primero en la secundaria, cuando era el poeta del recreo, y el otro, cuando escapo de la monótona vida académica para convertirme en escritor”, manifestó hace algunos años Óscar de la Borbolla en la conferencia denominada Imaginación y creación en el ejercicio de la escritura.
Óscar de la Borbolla es autor de varias obras cómico-eróticas como Nada es para tanto, Todo está permitido, La vida de un muerto, Asalto al infierno, entre otras. Es reconocido en el mundo de las letras por Las vocales malditas y varios volúmenes de Ucronías, género creado por él y en el cual se ha desplegado tanto su imaginación como un fino sentido del humor negro.
“Empecé a profesionalizarme en la secundaria; hacia una especie de acrósticos que cambiaba por tortas”, manifestó el autor de Las vocales malditas, quien luego de tomar clases con Helena Beristain, profesora emérita de la UNAM, decide estudiar Filosofía al encontrar insuficiente la respuesta religiosa a los problemas del mundo.
Durante su estancia en la Facultad de Filosofía y Letras, Óscar de la Borbolla se distancia de la escritura para dedicarse más a cuestiones políticas y a la lectura: “Me gustaba mucho la poesía, la línea maldita, pero luego me fui por el lado de los existencialistas, y así llego a los anarquistas”.
“Lo que me volvió a encontrar con la literatura fue que un día, estando en Madrid estudiando la maestría, no recibí la beca económica y me puse a escribir poesía en la banqueta para sostenerme. Ahí surgen Las vocales malditas. Y con el dinero que obtuve sobreviví, recuperé mi modus vivendi de la secundaria”, apuntó también el escritor.
Tras regresar de Madrid, Óscar de la Borbolla se dedica a impartir clases de Ontología en la ENEP Acatlán: “recuerdo que un día, estando aburrido en mi cubículo, agarré una página y la convertí en un abismo: me puse a escribir y desde entonces no lo suelto”.
Poeta del recreo, alumno de Helena Beristain en la Prepa 5, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras, compañero de habitación de José Revueltas, profesor de Ontología de la ENAP Acatlán, Óscar de la Borbolla y su pluma son definitivas sendas a seguir por los jóvenes creadores, por la filosofía y el humor fino que entrañan: “Yo me aburro mucho, y leyendo me percato de que puedo poner brillo a mi vida; escribiendo también puedo darme el mismo pasón, pero controlarlo yo; de pronto la escritura se me vuelve una manera de defenderme contra el tedio. Definitivamente yo decido volverme escritor porque decido meterle un poco de brillo a mi vida”, finalizó De la Borbolla.
Fotografía: Frido Spinoza
Texto publicado septiembre de 2007 en Cuartilla, Gaceta de la Facultad de Economía de la UNAM.
http://www.economia.unam.mx/gaceta/pdfs/cuart13.pdf
Óscar de la Borbolla es autor de varias obras cómico-eróticas como Nada es para tanto, Todo está permitido, La vida de un muerto, Asalto al infierno, entre otras. Es reconocido en el mundo de las letras por Las vocales malditas y varios volúmenes de Ucronías, género creado por él y en el cual se ha desplegado tanto su imaginación como un fino sentido del humor negro.
“Empecé a profesionalizarme en la secundaria; hacia una especie de acrósticos que cambiaba por tortas”, manifestó el autor de Las vocales malditas, quien luego de tomar clases con Helena Beristain, profesora emérita de la UNAM, decide estudiar Filosofía al encontrar insuficiente la respuesta religiosa a los problemas del mundo.
Durante su estancia en la Facultad de Filosofía y Letras, Óscar de la Borbolla se distancia de la escritura para dedicarse más a cuestiones políticas y a la lectura: “Me gustaba mucho la poesía, la línea maldita, pero luego me fui por el lado de los existencialistas, y así llego a los anarquistas”.
“Lo que me volvió a encontrar con la literatura fue que un día, estando en Madrid estudiando la maestría, no recibí la beca económica y me puse a escribir poesía en la banqueta para sostenerme. Ahí surgen Las vocales malditas. Y con el dinero que obtuve sobreviví, recuperé mi modus vivendi de la secundaria”, apuntó también el escritor.
Tras regresar de Madrid, Óscar de la Borbolla se dedica a impartir clases de Ontología en la ENEP Acatlán: “recuerdo que un día, estando aburrido en mi cubículo, agarré una página y la convertí en un abismo: me puse a escribir y desde entonces no lo suelto”.
Poeta del recreo, alumno de Helena Beristain en la Prepa 5, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras, compañero de habitación de José Revueltas, profesor de Ontología de la ENAP Acatlán, Óscar de la Borbolla y su pluma son definitivas sendas a seguir por los jóvenes creadores, por la filosofía y el humor fino que entrañan: “Yo me aburro mucho, y leyendo me percato de que puedo poner brillo a mi vida; escribiendo también puedo darme el mismo pasón, pero controlarlo yo; de pronto la escritura se me vuelve una manera de defenderme contra el tedio. Definitivamente yo decido volverme escritor porque decido meterle un poco de brillo a mi vida”, finalizó De la Borbolla.
Fotografía: Frido Spinoza
Texto publicado septiembre de 2007 en Cuartilla, Gaceta de la Facultad de Economía de la UNAM.
http://www.economia.unam.mx/gaceta/pdfs/cuart13.pdf
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